G.Steiner: Hablamos más que nunca......


STEINER, PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS
«Hablamos más que nunca, y decimos mucho menos»
IRENE HDEZ. VELASCO. Enviada especial

CAMBRIDGE._ George Steiner vive en una casita de cuento: cubierta de musgo, con un jardín repleto de flores al que se accede a través de un camino de piedra. Y en mitad de ese jardín, separado del resto de la vivienda, se halla el pequeño estudio donde trabaja el eminente profesor. Steiner se encontraba ayer en ese su retiro intelectual, encerrado con sus libros y sus papeles, cuando recibió una llamada de teléfono anunciándole la concesión del premio Príncipe de Asturias de la Comunicación. «Un premio que no me esperaba y que considero un honor», asegura el semiólogo mientras acaricia a Lucy, su fiel y melenuda bob-tailer.


Steiner agarra entonces su pipa, toma asiento en un sillón orejero y, con la exquisita educación que le caracteriza, indica: «Usted dirá».

- ¿Por qué dice usted que el lenguaje es el arma más poderosa del ser humano?

- Respuesta: Porque con el lenguaje se puede matar o se puede invocar a Dios. El lenguaje es un arma muy muy peligrosa. Ya sabemos todos que las mentiras pueden conquistar el mundo. En estos momentos, sin embargo, estamos inmersos en una profunda crisis: el lenguaje ya no puede explicar la ciencia ni la tecnología. La lengua del futuro son las matemáticas. Hasta mediados del siglo XIX, una persona erudita podía aproximarse a las ciencias. Pero, dada la dificultad del lenguaje matemático, eso es algo que ya no podemos hacer. Y es precisamente en el campo de la ciencia donde ahora mismo tienen lugar los grandes debates: clonación, vida
artificial, biogenética, el principio del universo, su formación... Y, ante estos asuntos, es como si estuviéramos sordos, pues no entendemos ni el vocabulario ni la gramática del lenguaje matemático.

- ¿No es posible traducir el lenguaje matemático a lenguaje coloquial?

- No, es imposible. Hay dos grandes lenguajes que no se pueden traducir: el de la música y el de las matemáticas. O los entiendes o no los entiendes, no hay más.

- Pero entonces, ¿significa eso el fin de los filósofos?

- El fin de cierto tipo de filósofos. Para los científicos, la mayoría de los filósofos no hablan nada más que de tonterías, aunque suelen ser lo bastante educados como para decirlo en público. Nosotros, sin embargo, tratamos de entender cuáles son los grandes problemas que les atañen. Pero se avecina una gran crisis, una crisis que se irá haciendo más y más grande a medida que la comunicación entre los dos mundos, el de la ciencia y el de la filosofía, se vaya haciendo más y más difícil.

- En ese sentido, ¿qué opina de Internet?

- Creo que es un instrumento con un poder casi infinito, pero que también puede convertir a la gente en profundamente vaga y pasiva. Internet puede convertirse en un instrumento de absoluta pasividad y receptividad donde la aportación del usuario sea muy pequeña. Cuando uno lee un libro complicado trabaja con él, contribuye a él. Pero si uno se pasa el día frente a la pantalla de un ordenador, como hacen ya la mayoría de los niños, ¿entonces qué? Recuerde esto: Internet supone una revolución mucho mayor que la de Guttemberg. La imprenta hizo que la escritura fuese más rápida y más barata, pero no la transformó. Esta revolución, sin embargo, es mucho más profunda, mucho mayor. Y sólo estamos en el comienzo.

- ¿Y qué ocurrirá con quienes no dominen el lenguaje de Internet?

- Serán una nueva clase de esclavos. Los que se encuentren por debajo del nivel medio de eficiencia frente al ordenador serán una nueva clase de esclavos. Ya está ocurriendo. En las economías ricas ya se enseña a los niños en los colegios a usar el ordenador. Pero es imposible llegar a todos. Y aquellos que se queden fuera formarán una nueva subclase.

- Sin embargo, nunca hasta ahora la información ha sido tan accesible.

- Hablamos más que nunca y, sin embargo, decimos mucho menos. La gente hoy cada vez usa menos palabras y de forma cada vez más frívola. Ya no escribimos cartas, ya no leemos cuentos a nuestros hijos....

- ¿Le preocupan el progresivo reduccionismo lingüístico al que asistimos?

- Por supuesto. Para mí, cada lengua es un mundo distinto: una forma distinta de vivir, de hacer el amor. Cada lengua ve el paisaje de una manera, tiene una percepción distinta de la luz, de la oscuridad... Cuando una lengua muere, muere con ella una forma de vida. Y, en estos momentos, cada año mueren hasta cien lenguas diferentes. Sobre todo, en Sudamérica, el sureste asiático y µfrica. Estamos asesinando a la fauna del planeta, a la flora y a las lenguas. Y cada vez que muere una lengua, mueren con ella muchas cosas.

- Sin embargo, muchos movimientos nacionalistas utilizan las diferencias lingüísticas como argumento totalitario.

- El chauvinismo lingüístico de los vascos, de los bretones, de los galeses, de los irlandeses, de los usuarios de las 20 lenguas que se hablan en los Balcanes y que se odian unos a otros es una de las razones de las continuas matanzas que tienen lugar hoy en día en Europa. Es una dialéctica que nadie ha podido resolver. Estoy a favor de todas las lenguas, porque cada lengua es infinita en sus posibilidades. Pero, por otro lado, matar a alguien porque no habla tu lengua es una terrible tragedia. Me han informado, por ejemplo, de que en España existe una universidad en la que hay que hablar gallego. Yo estoy a favor, por supuesto, de que se estudie el gallego, pero no del chauvinismo lingüístico.

- Usted sostiene que la lengua alemana fue cómplice del régimen nazi...

- Sí. El nazismo corrompió el alemán, y éste aún no se ha recuperado. Ahora mismo sólo hay uno o dos grandes escritores en lengua alemana. Gunter Grass es uno de ellos, por supuesto. Y las universidades alemanas, que eran las mejores del mundo antes de la catástrofe, aún no han conseguido levantar cabeza. La cultura de la Alemania del este atraviesa también enormes dificultades. Voy a decirle algo: es posible, solamente posible, que todos aquellos países que asesinaron o expulsaron a los judíos jamás logren recuperarse plenamente, jamás vuelvan a ser culturalmente importante.

- Entonces, eso significa que desde 1492, cuando los Reyes Católicos expulsaron a los judíos, en España no ha ocurrido nada culturalmente relevante, ¿no?

- Por supuesto, posteriormente a aquella fecha, ha habido pintores importantes en España.

- Pintores sí, ¿pero...?

- Es usted quien ha dicho el pero, no yo. (Denso silencio)

- Usted defiende a capa y espada el canon de Occidente, ¿verdad?

- Desde la antigua Grecia hasta nuestros días, las grandes energías de la metafísica, la ciencia, la literatura y la tecnología se han concentrado en una parte relativamente pequeña del mundo: Europa occidental y América. Hay muchas razones para explicar este fenómeno: el clima, la economía, etcétera, etcétera. Pero es la verdad. La cuestión es ¿contribuirá Africa en el futuro al desarrollo de la ciencia? Es una pregunta muy difícil. Yo tengo 72 años y no lo sé.

- ¿Es el inglés la lengua dominante?

- El inglés no. Pero el inglés americano si que es, probablemente, el esperanto de todo planeta. Si uno quiere triunfar económicamente tiene que hablar inglés americano. El español es la única competencia que tiene el inglés americano, es la única lengua ampliamente extendida en Estados Unidos, la única que se habla tanto en la costa este como en la oeste. Lorca estuvo en Nueva York en los año 30 y escribió un poema en el que decía que en las calles de Manhatan pronto se hablaría español. Esa profecía se está cumpliendo, y no sólo en Nueva York, sino a lo largo y ancho de todo Estados Unidos.

- Dice que el angloamericano es el lenguaje universal, pero se olvida del fútbol.

- He dicho varias veces que los dos nombres más famosos del mundo son Madonna y Maradona. Cuando Jesús fue crucificado, probablemente sólo 10 personas lo vieron, no lo sabemos. A la primera representación de Hamlet acudieron unas 1.500 personas. Y al estreno de la Misa Solemne de Beethoven, otras 1.500. Sin embargo, el mundial de fútbol lo vieron 2.500 millones de personas. El fútbol es la única religión planetaria que existe en este momento. Nunca en la Historia de la humanidad ha habido un espectáculo de la magnitud del fútbol.

- Profesor Steiner: usted sostiene que las Humanidades, que el conocimiento, no nos hacen mejores personas.

- Al contrario, nos hacen políticamente más lentos, menos valientes... Siempre pongo el mismo ejemplo: imagínese que me he pasado la tarde en mi seminario leyendo El Rey Lear, hablando de Hamlet y Ofelia, de don Quijote y Sancho, de Antígona y Edipo. Regreso a mi casa, todavía metido en ese mundo, y alguien grita en la calle. Yo no lo oigo. No lo oigo. El poder de la música, de la literatura y del arte es tal que si uno vive consagrado a él no oye el llanto que tiene lugar en la calle.

- Y para terminar, ¿qué es para usted el paraíso?.

- Muy fácil. ¿Conoce Milán? ¿Conoce la galería? Yo estoy allí sentado con un capuchino. Tengo en mi mesa Le Monde, La Stampa, EL MUNDO, una radio con la BBC y, en mi bolsillo, una entrada para La Scala. Eso es para mí el paraíso.

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