Javier Nart: Si alguna vez existió una cierta fascinación por la guerra como atajo.....


Javier Nart: «Es muy curiosa la fascinación que siente la supuesta izquierda por el uniforme militar.»

«Cataluña no es un ente abstracto; la forman los ciudadanos, cuya solidaridad no acaba en los límites de la comunidad.»

Javier Nart (Cantabria, 1947) es periodista y abogado. Trabajó varios años como corresponsal de guerra en países como Yemen, Líbano, Palestina, Irán o Irak, entre otros. Ha participado y participa en diversos programas televisivos y radiofónicos como contertulio. También ha escrito numerosos libros. El pasado mes de agosto estuvo en Asturias, donde participó en la III Escuela de Verano Rafael Altamira organizada por la Universidad Rey Juan Carlos y que se celebró en el concejo de Muros de Nalón. Nart aportó su visión sobre la Guerra de la Independencia.
El abogado destacó el papel protagonista de las partidas de guerrilleros en el desenlace de la contienda que enfrentó a los españoles con el potente ejército napoleónico.

-¿Qué se aprende en tantos años de trabajo como corresponsal de guerra?

-Creo que algo fundamental. Si alguna vez existió una cierta fascinación por la guerra como atajo para cambiar la sociedad, te das cuenta que ésta es un horror que lleva a un segundo horror, el de la posguerra y a un tercer horror, que es que la sociedad cambia poco.

-Una sucesión de horrores, entonces.

-De ese cambio revolucionario se apropian, además, los dirigentes que militarizan la sociedad, cuelgan la revolución de un clavo e inscriben el país en el registro de su propiedad y se quedan con una retórica de izquierdas y una actuación perfectamente asimilable a la extrema derecha. Es muy curioso la fascinación que siente la supuesta izquierda por el uniforme militar, que es en sí mismo la representación absoluta de la falta de libertad.

-Explíquese.

-El ejercito funciona como una entidad disciplinada donde las órdenes vienen de arriba y no se discuten. Cuando la izquierda sigue con el uniforme verde oliva y con frases como «comandante nacional, ordene», uno no sabe la diferencia entre «el Duce siempre tiene razón» («Il duce ha sempre ragione», se decía de Mussolini) y los planteamientos de la pseudoizquierda. La guerra revolucionaria, salvo excepciones notables, siempre es una estafa.

-¿Cómo ve la situación actual del periodismo que se practica en España?

-Cuando uno empieza a decir que en un pasado había una mayor conciencia sobre los asuntos, significa, en el fondo, que uno va envejeciendo por aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Creo que en España el periodismo tiene en general un alto nivel y somos el único país de Europa sin prensa amarilla, algo que es tremendamente significativo. La prensa popular es muy digna y salvo la notable excepción de la infame televisión que practica, lo que yo llamo la prostitución mediática, creo que la situación es buena. La radio me parece razonable y aceptable, con algún peculiar epígono como Jiménez Losantos. Así que creo que debemos estar satisfechos con lo que tenemos.

-Por hablar de un asunto bastante reciente, ¿cree que se trató correctamente la información el accidente de Barajas?

-Yo creo que sí, como también se trató con gran respeto la barbarie de los atentados terroristas del 11 de marzo.

-¿Sí?

-Me siento inmensamente orgulloso del pueblo español que en vez de reaccionar con histeria y racismo, como sucedió en Estados Unidos, tuvo claro que una cosa eran los asesinos y otra la comunidad marroquí y el Islam. Después vino la islamofobia y el reduccionismo, según el cual el cual el Islam es el único extremismo y el causante de todos los males. Por lo que se ve nosotros no somos extremistas, Bush no es extremista, ni los israelíes judíos. Ese reduccionismo es peligroso, porque limitamos con una comunidad islámica y tenemos otra muy importante en nuestro país. Hay que saber respetar y vivir de una forma común con ideologías con planteamientos naturales y sobrenaturales distintos. Siempre, claro, que se respeten los principios básicos de la democracia.

-¿Es de los que piensa que algunos medios de información están politizados?

-Hombre claro. Sólo hace falta leer un periódico u otro para ver que hay dos posicionamientos distintos, por ejemplo ahora con el accidente de Spanair. Hay un diario que está poniendo y exponiendo lo que significan las extremas quiebras y fallas de la Dirección General de Aviación Civil. Y hay otro que parece que quita toda responsabilidad a Aviación Civil sobre seguridad aérea y que al final es algo así como que los elementos funcionaran de manera autónoma con respecto a la Administración.

-Antes hablaba de Jiménez Losantos. ¿Qué opina de las sentencias sobre el derecho al honor?

-Son cortas. Cuando una persona afecta al honor de otra tiene que modularse la resolución en función del beneficio que se saca. Por ejemplo: cuando una distinguida señorita dijo que había tenido una relación con un cura ganó mucho dinero y pasó a ser uno de los emblemas de lo que llamo la corrupción moral mediática. Ganó una infinita cantidad de dinero y la sentencia por la que la condenaron era algo así como la centésima parte de lo que había ganado. Si a mí por aparcar mal el coche me multan con tres céntimos me saldría más rentable pagar la multa que buscar aparcamiento. Las multan deben ser multiplicantes por diez del beneficio que se obtiene, de tal manera que no resultara rentable. Al final tenemos la justicia retórica y la verdadera. Que te den la razón con semejantes indemnizaciones es una broma

-Un asunto con menor trascendencia ¿Qué le sugiere la polémica de las corbatas desatada este verano por el ministro Miguel Sebastián?

-Considero que es cuestión de pura anécdota. Por ejemplo, yo no he ido con corbata en mi vida. Me la pongo cuando entro en un juicio y me la quito cuando pido la absolución de mi cliente. ¿Sabe además que la corbata es una prenda con origen militar? Viene de la palabra croata, el distintivo que llevaba la caballería croata en el imperio Austrohúngaro. En consecuencia la corbata es, en principio, una manera de distinguir los escuadrones de caballería. No le doy mayor importancia a la cuestión.

-¿Cómo aprecia el inicio del curso político?

-Bueno?. Cada vez tengo mayor escepticismo por la política y creo que más que desarrollar una ideología los partidos buscan hacerse con gestión del poder y la persiguen ese poder como un absoluto. Pongo el ejemplo de algo que está ocurriendo actualmente y que demuestra por donde van las cosas. El señor Zapatero sigue negando la evidencia, que tenemos una crisis económica descomunal, y me parece curioso que se pueda atajar una enfermedad si el médico dice que la enfermedad no existe. Tampoco la medicina que nos propone el Partido Popular para combatir la crisis es excelente, pero al menos reconoce los hechos.

-¿Qué opina sobre el debate abierto sobre la transformación del modelo de la financiación autonómica?

-Es la lógica consecuencia de lo que sucede cuando se trasmutan los conceptos fundamentales, que es que los ciudadanos son los que pagan los impuestos en función de sus ingresos y no los territorios. Cataluña no es un ente abstracto, sino que lo forman sus ciudadanos cuya solidaridad no termina en las fronteras administrativas de la comunidad, sino en España. Yo, como catalán, tengo que decir que el Estatuto de Cataluña me viene de cine, porque quedará más dinero para mí.

-Pero no parece que se deshaga en aplausos.

-No, porque sigo pensando que la solidaridad es horizontal y no vertical y que no pago por ser catalán sino por lo que gano. Mi solidaridad debe realizarse en función de las necesidades de mis compatriotas, que es mucho más que la gente que vive alrededor de mi domicilio. Esto parece que es un concepto reaccionario, pero progresista es quedarte limitado en tu territorio y en tus peculiaridades y requerir que tu comunidad sea administrativamente considerada y luego ser solidario con esos extremeños o gallegos que ganan menos. Ahora, para el supuesto progresismo de izquierdas parece ser que lo importante es el territorio. Hemos terminado por ser asumidos por los conceptos más reaccionarios, que son los que fundamentaron el desarrollo del nacionalismo romántico del siglo XIX.

VICENTE DÍAZ PEÑAS Muros de Nalón.

1 comentario:

  1. Javier Nart, me encanta.
    Para que decir más.
    Un beso
    Aite

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