Robert Sapolsky: El mundo no sería un mundo mejor sin éxtasis, pero sería uno si no hubiera religión.

Robert Sapolsky, uno de los personajes que aquí más es consultado. La Fundación John Templeton, en una serie de rondas en la que eruditos preguntan a científicos de renombre acerca de las «grandes cuestiones», traigo aquí, lo que Robert Sapolsky contestó sobre el eterno debate Ciencia-Religión.

Como título le he puesto: El mundo no sería un mundo mejor sin éxtasis, pero sería uno si no hubiera religión. Porque se me hace difícil creer que sin religión el mundo sería uno. Debe de haber algo que no he entendido bien. Ahí va:

PREGUNTA: ¿Hace la ciencia que la creencia en Dios sea algo obsoleto?

ROBERT SAPOLSKY: No. A pesar del hecho de que yo soy ateo, reconozco que la creencia ofrece algo que la ciencia no puede.

La ciencia no trata ni por asomo sobre un científico anunciando verdades o La Verdad. La ciencia lo que trata es de afirmar cosas con un cierto grado de veracidad.
Un científico diría: «En este experimento, observo que A causa B; eso no pasó siempre, pero la estadística de los análisis muestra que hay una probabilidad del x% de que por azar tengamos esta conexión entre A y B»
La convención en la mayoría de los trabajos científicos es que no se saque un informe hasta que se obtenga más de un 95% de certeza. Es imposible que estadísticamente se alcance ese 100%
Ahora bien, no estoy intentando ser posmodernista, farfullando sobre cómo la ciencia es un proceso puramente subjetivo y donde no hay verdades objetivas. Hay verdades, y el conocimiento científico nos da puntos provisionales que apoyar en tierra firme en esta búsqueda. Una observación debe de tener poder de predicción y tiene que ser capaz de contestar a las objeciones o réplicas de los otros.
Los científicos deben de estar dispuestos de abandonar el supuesto conocimiento anterior cuando sale una explicación completamente diferente. «Hey ‼ esto es el hueso de la mandíbula de un orangután manchada de negro, así que el Hombre de Piltdown realmente no es nuestro abuelo»
Mucho más a menudo, se les pide a los científicos que modifiquen su conocimiento: « ¿Te acuerdas de cuando dijiste que A no causaba B siempre? Al final resultó ser que A causaba B sólo cuando C estaba presente.»
Esto hace mayor la sutileza y el matiz de la ciencia. Como ejemplo sorprendente, resulta ser que la mayoría de los ‘hechos’ icónicos o simbólicos de las ciencias de la vida son siempre sólo un punto de apoyo: El ADN no siempre forma una doble hélice, y esas excepciones son poderosamente interesantes.

Así que no tiene mucho sentido enmarcar una pelea ciencia-religión sobre quién es poseedor de la verdad más verdadera. Pero puedes declararlo como, « ¿Qué aproximación te da más poder de predicción y capacidad de cambio de un resultado?» Así, la ciencia es la ganadora sin problemas. No hay preguntas con las que enfrentarse, digamos, por ejemplo, un chico enfermo, ¿qué es mejor, prescribirle antibióticos o sacrificar en una ceremonia subproductos de la cabra o emplear algún fetiche recargado? Incluso en un país estrangulado por la religión como el nuestro, los tribunales han dictado de forma consistente, que un padre no puede negar a su hijo enfermo tratamiento médico para sin embargo probar sustitutos en curas religiosas. No se trata de cómo las creencias aguantan la obsolescencia.

El siguiente gran tema lógico en la guerra de culturas es el tema de qué es mejor para la sociedad, si la religión o si la ciencia. En este frente, no hay una cuestión con cuyo enfoque haya producido más daño en el pasado (y en la actualidad). Está claro que la ciencia nos ha traído el Lysenkoismo, eugenesia, lobotomía, y la gente que metódicamente probaba Zyklon para otros nuevos usos (Zyklon es la marca registrada de un insecticida a base de cianuro que se usó en la Alemania Nazi durante el Holocausto). Pero esto ni siquiera empieza a empujar la escalada de su caída unilateral. Por otra parte, el argumento de que los gustos de Torquemada son aberraciones de religiosidad, es una tontería; Eran las únicas consecuencias lógicas de algunas facetas de la religiosidad. La sangre en manos de la religión gotea lo suficiente para oscurecer el mar.

Se podría argumentar que la creencia religiosa permanece relevante debido a la paz que puede proporcionar. Pero esto, a mí no me dice mucho. El consuelo no es benigno cuando la realidad prueba que el consuelo ha sido desplazado, ni que sean creencias que reduzcan la ansiedad cuando este sistema de creencias es tan a menudo lo que generó la ansiedad en primer lugar.

¿Entonces, por qué es todavía la creencia relevante? A esto, ofrecería una contestación no-científica. Es por el éxtasis. No me refiero a la espuma glasólica en capilla, ni a otros excesos que la mayoría de religiones no generan ni valoran. Yo me refiero a esos casos en los que te encuentras impregnado de gratitud por la vida y la experiencia y la oportunidad de hacer el bien, donde cada neurona se encuentra inundada con el sentimiento del momento al sentir la brisa en su mejilla celular. Un científico o un consumidor de ciencia pueden sentir lo estático en la búsqueda, de lo que curará una enfermedad, salvará especies, o que es increíblemente hermoso, pero la ciencia, como un sistema explicatorio, no es muy bueno en producir éxtasis. Para empezar, hay buenos argumentos que se pueden hacer sobre el porqué la ciencia no debería producir éxtasis. Una razón es que el progreso científico a menudo constituye minucias que te hacen retroceder dos pasos atrás por cada tres pasos hacia delante. Es también debido al contenido, porque la parte de satisfacción del éxtasis es especialmente difícil si tienes que pasarte el tiempo estudiando, digamos, el cáncer infantil, o la biología de la violencia, o las causas de la extinción. Por el contrario, el potencial de éxtasis está profundamente entrelazado con la religiosidad, donde la mera posibilidad de creencia y fe en la ausencia de pruebas es donde la verdad permanece estática.

Esto pudiera parecer una inclinación desleal en el debate contra la ciencia. Después de todo, uno no escribiría un ensayo destrozando la profesión de intermediario de productos básicos por el solo hecho de que no produzcan éxtasis. Pero construir explicaciones de tu vida en torno a la ciencia no es una profesión. Es, en su núcleo, un contrato emocional, un acuerdo de obtenerlo sólo mediante la razón.

La ciencia es el mejor sistema explicativo que tenemos, y la religiosidad como alternativa tiene un potencial espectacular para el daño que impregna y falsea cada dominio de decisión + haciendo y atribuyendo en nuestro mundo. Pero sólo porque la ciencia pueda explicar tantas cosas desconocidas no significa que lo pueda explicar todo, o que pueda vencer el inconocible. Esta es la razón por la que la creencia religiosa no está obsoleta. El mundo no sería un mundo mejor sin éxtasis, pero sería uno si no hubiera religión. Pero no hay que esperar que la ciencia rellene el vacío que se queda atrás, o convencerte de que no hay nada.

Otras entrevistas:
 - Entrevista de Eduardo Puset a Robert Sapolsky. Hac click aquí.

6 comentarios:

  1. noooo, sería un mundo sin color, sin prejuicios, vamos sin valor.:p
    un saludo.
    Aite

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  2. Me alegra de leerte.
    Toma. Para vos: :t

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  3. :g Me encantan las margaritas.
    Aite

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  4. Hola Iciar:
    Me gusta el razonamiento de Sapolsky. En la religiones hay fanatismos, y en las ciencias también los hay (por no mencionar la manipulación de resultados y de estadísticas, que no es fanatismo, es delito).Yo hago ciencia y te lo puedo decir con conocimiento de causa.
    El siglo XIX y principios del XX, luego de la revolución industrial y los primeros grandes avances médicos contra las infecciones (Pasteur, Koch, Lister), hicieron que la humanidad viviera un período de extraordinaria fe en la ciencia y en el prograso humano indefinido y lineal. Pero eso no cambió lo que llamaríamos el "corazón" del hombre, y tuvimos el siglo más sangriento que se recuerde.
    Todo esto tú lo sabes, yo sólo me alegro de que hayas colgado esto. Saludos

    Así que me parece

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  5. Ese "así que me parece" se me escapó. Saludos

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  6. Sí, somos muy aburridos, y muy inteligentes para darle la vuelta a las cosas. En realidad los fanáticos somos nosotros. Podríamos abolir las religiones y seguiría existiendo el fanatismo, que como un cáncer con metástasis sale en cualquier otro sitio, como salió en el comunismo, en el islamismo como ideología, etc, etc
    ¡Qué aburrimiemto! ¿verdad?

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