Tenzin Tsundue: "Cuando escribo, soy un poeta, pero cuando publico soy un activista .... El escritor y el activista viven juntos dentro de mí, mano a mano"

Recién acabado "Kora",  el libro de poemas y relatos de Tenzin Tsundue. He querido guardar en mi archivo la entrevista que aparece al final de este conmovedor texto.  La he traducido yo misma del inglés, puesto que este libro no ha sido editado todavía en español.
La entrevista aparece titulada como: “NACÍ REFUGIADO”  y fue realizada por Ajit Baral para el Daily Star, el 13 de diciembre de 2003, en Bangladesh.  Ajit Baral también es escritor, además de editor, y vive en Kathmandu.

Y dice así ........

"El poeta, escritor y activista tibetano, Tenzin Tsundue, es la voz angustiada del tibetano en el exilio que existe aunque viviendo en una paradoja: en
'realidad', un país llamado Tíbet no existe, al menos para el mundo diplomático oficial.
Tíbet es una 'región autónoma' y una 'parte integral' de la República Popular de China, desde 1949, cuando el ejército chino se apoderó de la tierra de los tibetanos, dando lugar a una política de ocupación brutal. Tenzin ha dicho que “cada año tengo que renovar mis documentos, en los cuales se me describe como un 'refugiado del Tíbet'. El gobierno indio me da estos documentos pero no reconoce la existencia de un país llamado Tíbet. ¿no es extraño?”

Un poeta sin-hogar: Nacido en Manali (India), educado primero en Dharamsala (Himachal Pradesh), y después en Madras, Ladakh y Mumbai, el poeta y activista tibetano Tenzin Tsundue ha sentido siempre su pertenencia como a ningún sitio. ¿Alguna sorpresa, entonces, de que él sobrelleve su exilio desde dentro de sí mismo? Este sentido de estar en exilio es lo que hace que Tenzin y otros como él, sueñen en morir en la tierra de sus antepasados: Tíbet. Pero esta tierra es para él un sueño en perpetuo estado de pausa. Sin embargo, no puede no soñar con este Tíbet libre. Este sueño es la fuente de muchos de sus poemas, y de su incansable activismo por la causa de un Tíbet libre. En 1999, Tenzin Tsundue publicó su primera colección de poemas: “Cruzando la frontera”. Su ensayo “Mi llamado exilio” ganó el premio de no-ficción Outlook-Picador. Él es el secretario general de la organización "Amigos del Tíbet- India".
Hablé con él acerca del activismo, de la escritura, y de la falta de consuelo.
Lo que sigue es un extracto de nuestro diálogo.

AJIT BARAL (AB): Dharamsala (donde usted creció) le conformó como el férreo activista que usted es ahora. ¿Cómo fue la vida allí?

TENZIN TSUNDUE (TT): Dharamsala es un pequeño pueblo de la serranía, situado en la cerviz de una colina en la cordillera montañosa Dhauladhar en el Himalaya al norte de la India. Es también la residencia en el exilio de Su Santidad el Dalai Lama, que a su vez constituye el centro de los tibetanos y de su gobierno en el exilio. Pero mi crecimiento como activista (y escritor) es a causa del hecho de haber nacido bajo la condición de refugiado tibetano.

AB: Usted ha dejado dicho alguna vez que su activismo le convirtió en un escritor. ¿Cómo sucedió eso? Normalmente solemos ver al escritor convertirse en activista (Arundhati Roy, por ejemplo); no a un activista convirtiéndose en escritor.

TT: Es toda una tragedia que la primera cosa que uno aprende de niño es que no eres de aquí, y que no puedes poseer nada de aquí. Mis padres escaparon hacia la India en 1960 tras la ocupación china del Tíbet. Se nos decía constantemente que algún día volveríamos y que la vida en el exilio sería algo temporal. Mis años de escuela en los 80-s y 90-s los pasé con la ansiedad de querer crecer rápido para poder hacer algo en la lucha por la libertad. Hoy soy un activista. Mis escritos son mi forma de expresarme ante esto. Cuando era niño, mataba a muchos soldados chinos, en nuestros juegos de guerra de chinos contra tibetanos. Solía ir por nuestro campo de refugiados, de puerta en puerta para llamar a la gente a nuestra reuniones. Ya era un activista. Nací refugiado. Nací para luchar por esta noble causa.

AB: Usted mantiene el lamento de que los tibetanos no tienen idea de una nación. ¿Por qué ellos no tienen la noción de nación?

TT: Antes de la invasión, Tíbet era un país pacífico donde la búsqueda espiritual era la actividad dominante de la vida de sus gentes. Eran nómadas y granjeros que vivían alejandos de la política de la capital Lhasa. Muy de vez en cuando veían al 'babu' del gobierno recaudando impuestos. Por otro lado, no existía relación llamativa entre el centro y la periferia.
Estos tibetanos, de repente, fueron golpeados por la tragedia de una invasión extranjera – para ellos, inexplicablemente también porque procedía, de lo quienes pensaban que era, el vecino y amigo, China.
Incluso hoy, después de 45 años de adiestramiento a los tibetanos en el exilio para que sean democráticos, y participativos en la comunidad, la nación en construcción frecuentemente falla al tocar la individualidad como estilo de vida. Y la noción de nación en sí misma, es un nuevo concepto en el mundo. India, Bangladesh y Burma son ahora nuevas naciones. Antes eran solo regiones como lo era Tíbet.

AB: El escritor y viajero Pico Iyer una vez dijo que su indianidad no es más que afirmar tal cosa ante sí mismo conforme va envejeciendo. ¿Ha sido ese el proceso con su tibetanidad?

TT: Veo mi nacimiento como un haber sido lanzado desde un acantilado. De alguna manera, necesito agarrarme a alguna raíz para no caer. No puedo ni escalar, ni permitirme caer. Esta es la lucha con la que peleo cada día. Los tibetanos en el exilio son apátridas. Seríamos etiquetados como 'separatistas' en Tíbet; y en el exilio, salvo para el Dalai Lama y el Karmapa, al resto no se les concede el asilo político. Ni siquiera somos refugiados por la Ley. Los adolescentes tibetanos nacidos en el exilio, son tan apasionados del Tíbet, y sin embargo, no lo han visto nunca en su vida. Vivimos en el limbo.
Entiendo el sentimiento de Pico Iyer por sus raíces. Cuanto más consciente soy de estas realidades, más me doy cuenta de ello. Siento esa ansiedad. Quiero pertenecer a algún lugar. Todo de lo que disponemos es de unas raíces culturales muy pequeñas, y que los tibetanos más mayores nos ofrecen.

AB: Usted subió en Mumbai, por el andamiaje del hotel Oberoi durante la visita del primer ministro chino Zhu Rongi, hasta llegar a la planta 14, para desde allí desplegar una pancarta en la que ponía “Tíbet Libre”. Fue un acto de desafío en solitario. ¿Puede un acto de desafío en solitario como el suyo llegar a conseguir algo?

TT: La protesta que pude hacer -y la atención pudo dirigirse a la causa tibetana- fue porque también estaban esos 600 tibetanos de férrea voluntad en huelga de hambre, corriendo por las calles de Mumbai para protestar contra la continuada ocupación del Tíbet. Todos tenemos nuestro papel que jugar. Por supuesto, lo que hice fue en solitario. No sabía que iba a ser algo que tuviera la repercusión que tuvo.
El hombre que paró al tanque en la plaza de Tiananmen en 1989 llegó a ser un símbolo del coraje y desafío ante el opresivo y corrupto gobierno comunista del régimen chino. El no estaba solo. El formaba parte de la totalidad del movimiento democrático de China.

AB: No estoy seguro de si usted está siguiendo el asunto en el que más de 100.000 refugiados de Bhutan están languideciendo en Nepal. Sin embargo, quiero señalarle el rol que India jugó en esto, al echar a los refugiados proveyéndoles de un billete a Nepal. Ahora, cuando se trata de resolver el asunto indio se mantienen al margen, diciendo que el problema es bilateral. Parece que usted exhorta a este mismo país para que ayude a Tíbet a ser libre, para que sean beligerantes con China. ¿No está usted esperando demasiado de la India?

TT: Mi creencia personal es que ninguna nación debería intervenir en los asuntos políticos a menos que sus intereses estén en juego o que un beneficio pueda quedar sesgado. Tíbet comparte una relación cultural y política muy profunda con India desde hace miles de años. Hoy, India reconoce a Tíbet como parte de China. Esa es la postura oficial de la India. Sin embargo, la masa de los ciudadanos indios canta una canción diferente. Ellos están con nosotros. Como activista he viajado por toda la India haciendo campaña por nuestra libertad. Los indios aparecen como testigos de nuestra historia. Nosotros apelamos a estas sabias gentes de la India que se posicionan en la verdad, que creyeron y trabajaron con Mahatma Gandhi en su propia lucha por su libertad. Además, hay una cuestión de seguridad y defensa de la India en riesgo en el Tíbet. Tíbet es tanto un problema para la India como lo es para el Tíbet. Deberían asumir el reto por su propio interés, si no es por el interés del Tíbet.

AB: En el mundo globalizado de intereses económicos solapados, un tercer país no puede presionar diplomáticamente a China para que libere al Tíbet. El interés económico, digamos, de los EEUU en China es tan grande que no querrían disgustar a China, pidiendo la libertad de Tíbet. ¿Cómo puede usted entonces pensar que Tíbet podrá ser libre?

TT: Nuestros 50 años de lucha ha sido una triste historia de esperanza de que alguien nos ayudara, de que alguien abogara por nuestra causa. Lo más triste es que parece que no hemos aprendido de la historia. El budismo y la cultura llena de color tibetana puede estar vendiéndose en occidente. Pero no hay comprador para el tema fundamental: su liberación.
A menos que seamos auto-suficientes, independientes de pensamiento y fuertes desde dentro, la liberación del Tíbet se quedará en un sueño. Para países como los EEUU, el problema de Tíbet es solo una pieza de ajedrez que puede dar jaque mate a China cuando llegue el momento si las cosas se ponen dificíciles. Sí, todavía tenemos un largo camino que recorrer. La resolución de la causa del Tíbet provendrá de cambios producidos en China. Los activistas democráticos de China en el exilio buscan una China libre. Yo los apoyo. Trabajamos juntos. Es la mentalidad colonialista china la que controla Tíbet. Así son la gente del sur de Mongolia (interior), del Este de Turkestan (Xinjiang). Una China libre traerá un Tíbet libre.

AB: ¿Está usted trabajando en algún nuevo libro?

TT: Corriendo colina arriba y abajo aquí en Dharamsala, buscando el contacto con los numerosos tibetanos de los campos de refugiados que están desperdigados por toda la India, en un intento de educar y motivar a nuestra gente en la lucha por la libertad, no deja mucho tiempo para escribir ningún libro. Algunas veces, bajando colina abajo, en autobuses o hablando con la gente, pequeñas líneas de poesía son escritas. Puede que más tarde las recopile en otro libro.

AB: Usted tiene una deuda reconocida para con su círculo de poetas de Mumbai en su formación como escritor. ¿alguna otra influencia?

TT: Ha sido el 'espíritu rebelde' de Khalil Gibran el que creó una tormenta poética en mí cuando tenía la edad de ir a la escuela. Pero, era incapaz de escribir  'poesía' en aquellos días. Fue en la universidad de Mumbai, donde mis compañeros y amigos las valoraron y me animaron a que escribiera. Conocí allí a Nissim Ezekiel y recibí sus críticas a mis poemas cortos. Adil Jussawalla y Dom Moraes me animaron también mucho. Los forums sobre poesía -'El Círculo de la Poesía' y 'Locuacidades'- me ayudaron en mi crecimiento como poeta. Leí a Frost, Arun Kolhatkar, Camus, Neruda, Arundhati Roy y Taslima Nasreen.

AB: Su escritura es sencilla, casi como dirigida hacia el público infantil. ¿Es esa sencillez en el lenguaje, algo que le viene de forma natural o a través de un esfuerzo consciente?

TT: No conozco otro lenguaje que este lenguaje. Es el mismo lenguaje que utilizo en las cartas. Mis poemas de amor resultan, sin embargo, desesperanzados.

AB: ¿Y no se ha preguntado si al escritor que hay en usted pudiera estar haciéndole sombra el activista que hay en usted?

TT: Cuando escribo, soy un poeta. Pero cuando los publico soy un activista. En la actualidad, encuentro que es más útil para la lucha ser activista. El activista encuentra al escritor útil. La poesía a menudo acaba en actividades humanas como el subir la fachada del hotel en Mumbai como una proclama de una 'Tíbet libre'. Hace 5 años crucé el Himalaya para ir a Tíbet, desde la llanura del norte de Ladakh, solo y sin permiso, para vivir en el Tíbet. Fui arrestado, golpeado, encarcelado y más tarde me echaron de allí. Escribo porque tengo que hacerlo, porque mis manos son pequeñas y mi voz está afónica la mayoría de las veces. Para mí escribir no es un lujo: es una necesidad. El escritor y el activista viven juntos dentro de mí, mano a mano". 


6 comentarios:

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  4. Khalil Gibran, Frost, Arun Kolhatkar, Camus, Neruda, Arundhati Roy y Taslima Nasreen... Buenos lugares en los que abrevar ;)

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    1. Sí, jajajaja, nos podemos fiar ¿verdad?

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